Moira Millan y el Pueblo Mapuche, entrevista íntegra de Alberto Azcárate

 10·11·2017    INTERNACIONAL ACCIÓN SOCIAL MUJER   
Moira Millan y el Pueblo Mapuche, entrevista íntegra de Alberto Azcárate

Difundimos el artículo íntegro, sin editar, y por lo tanto inédito, de Alberto Azcárate que realizó para el diario El Salto por su interés en la información detallada y ampliada.

 

Moira Millán: “el gobierno Macri ha presupuestado la muerte contra nosotros, se empeña en hacer una segunda Campaña del Desierto”

 

Moira Millán, militante mapuche, de paso por Madrid, denuncia la campaña de persecución que esa comunidad indígena sufre por parte del gobierno Macri. También describe con detalle el escalofriante panorama de la implantación de los dueños de mundo en esas tierras, otrora espacio de vida de los pueblos originarios. Y da un marco de interpretación a la desaparición y muerte de Santiago Maldonado en ese ámbito privilegiado de negocios de poderosos intereses, reserva estratégica de recursos energéticos, minerales, acuíferos y de implantación militar estadounidense.

 

Te llaman waychafe, que quiere decir “guerrera”. ¿Por qué?

En el mundo mapuche existe un orden, social y culturalmente organizado a partir del punehuén,un sistema de fuerzas. Pu es la pluralización, nehuén, fuerzas. Contiene las fuerzas para sanar, que serían las machi, los lonkos, que son quienes relacionan de manera equilibrada el vínculo entre la gente, los mal llamados caciques. El lonko no manda, sino que tiene la capacidad de transmitir conocimiento, de escuchar y de equilibrar el orden. El waychafe nace con un espíritu de guerrero, o de guerrera. Yo tengo sueños en los que sueño cómo defender a mi gente; sueño cuando algo va a pasar y los espíritus me indican cómo resolverlo, cómo proteger. La vida de los waychafe está siempre en riesgo porque estamos continuamente en la línea de confrontación, pero tenemos la confianza de saber cómo salvaguardarnos. No es que yo estudié ni me votaron para ser waychafe, sino que nací guerrera. A los 18 me encontré con mi pueblo y a los 21 asumí ese compromiso.

 

¿Es cierto que con 16 ó 18 años te fuiste a Brasil, como parte de una comunidad evangélica?

Sí. Casi todos los pueblos originarios, al serles arrebatada su espiritualidad, se volvieron cristianos. Se les impuso el cristianismo. Y dentro del cristianismo, tal vez por ciertas características de mayor libertad en la expresión, en la emoción, se identifican más con los evangélicos que con el catolicismo. Mis padres eran evangélicos bautistas. Yo era una niña muy espiritual, muy creyente. A los 12 años ya predicaba en público, en la iglesia. A los 16 años, como veían ese potencial de futura pastora, me invitan a ir de misionera a Brasil. Fui y me formé en un instituto de formación cristiana. Me quedé un tiempo en Barbacena, Minas Gerais, dirigiendo el sector de jóvenes. En Brasil hice un click, las iglesias empiezan a recibir el impacto social del movimiento emergente de Lula; entonces muchos jóvenes con ideas de izquierda, revolucionarias, empiezan a activar dentro de las iglesias y van consiguiendo la adhesión de mucha gente. Y ahí termino yo también siendo interpelada en mi fe y empiezo a sentir que, en verdad, yo no me identificaba con ese espacio cristiano, conservador.

 

¿En algún momento volviste a tu tierra y fundaste una organización mapuche, no?

Sí. Volví a la Patagonia y con mi hermano mellizo, Mauro Millán, que también es activista, a los 21 años fundamos la organización mapuche – tehuelche 11 de Octubre. Lo de tehuelche es porque en la provincia de Chubut hay comunidades que son descendientes directas de grandes lonkos tehuelches. Mi abuela era tehuelche, entonces yo tengo sangre mapuche y sangre tehuelche (Aonikenk); de hecho, ella hablaba perfectamente el mapudungun (idioma mapuche) y también el tehuelche.

 

Para aterrizar un poco en el presente. Hace algunas semanas llegó algún whatsapp en el que advertías de amenazas que estabas recibiendo, en un marco de gran aislamiento.

Sí, tremendo. Recibo todo tipo de amenazas, hasta de muerte. Llegaron a tirar en la puerta de mi casa una pobre zorra, a la que habían torturado antes de matar. Un claro aviso de advertencia. Vivo en la provincia de Chubut en una comunidad mapuche, a 100km de la ciudad de Esquel. Es un territorio recuperado. Cuando los mapuches volvemos a la tierra y la tomamos, hablamos de recuperación, porque es parte de un territorio que nos fue arrebatado. Entonces no hay usurpación como dice el Estado huinca (blanco). La titularidad la tiene la Policía de la Provincia de Chubut. Ellos pretendían en esas 150ha hacer un complejo turístico –tipo SPA- para oficiales de la policía. Recuperamos el lugar y ahí constituimos una comunidad mapuche que hemos convertido en un santuario natural. Quitamos los animales de pastoreo, estamos recuperando el bosque, allí todo es muy verde. Iniciamos un proceso de sanación de esa tierra que había sido bastante erosionada por el sobrepastoreo de ganado. Además ellos plantaron unos 60.000 pinos, una especie que acidifica el suelo y absorbe demasiada agua; estamos quitando los pinos y los sustituimos por especies nativas. En estos 17 años de recuperación del espacio, eso se ha vuelto muy bonito, ha cobrado vida, a punto tal de que han vuelto pumas, gatos monteses, cóndores, que se había ido y ahora retornan, en la medida en que este lugar vuelve a tener nehuén, la fuerza de la propia naturaleza. No hay Internet y la señal de celular es escasa. Estoy terminando mi casita de barro, tengo cuatro hijos, tres viven conmigo y una de ellas por aquí, en el País Vasco. En ese espacio somos cuatro familias que nos proponemos resguardar la vida en el territorio. También hay una amenaza de muerte sobre el río, porque pretenden hacer seis represas, que inundarían 11.000 ha de bosques.

 

¿Cómo fue el proceso de expoliación de esos territorios?

Ese territorio ancestral pertenece a la nación mapuche desde hace 14.000 años. Y esto se sabe por hallazgos arqueológicos y también por el estudio de la estructura lingüística de nuestro idioma. Para tener un desarrollo tan complejo se necesitaron muchos años de evolución continua del idioma. La nación mapuche ha estado siempre en ese territorio, que llaman Wall Mapu y se extiende desde el Pacífico hasta el Atlántico.

La Pacificación de la Araucanía en Chile y La Conquista del Desierto en Argentina fueron iniciativas de dos estados diferentes, ambos igualmente racistas y hegemónicos, para someter a la nación mapuche, quitarle su identidad y desde allí empieza el reparto de nuestros territorios. Hicieron un reduccionismo territorial importante que fue dejando a nuestro pueblo en una completa miseria, en un nivel de pobreza del cual no hemos salido. Ha sido una política de Estado sistemática. De hecho el presidente Alvear aprobó una Ley de Cuantificación de Bienes, por la cual los mapuches no podíamos poseer más que una cantidad exigua de animales, decían que si teníamos más iríamos a atentar contra la soberanía nacional; entonces nos mantuvieron siempre en esa línea de pobreza. A pesar de eso, el pueblo mapuche tiene memoria y dignidad, nunca ha bajado la cabeza ante nadie.

 

¿Con qué criterio distribuyó las tierras el Estado argentino después de La Conquista del Desierto?

Esta distribución favoreció fundamentalmente a familias patricias que fueron cómplices del genocidio. Algunas todavía detentan el poder, como es el caso de los Bullrich. La ministra de Defensa de Argentina, Patricia Bullrich, es descendiente de esos criminales. En el actual Patio Bullrich de Buenos Aires, ese gran shopping de La Recoleta, antaño se subastó a esclavos mapuches para la servidumbre en las estancias. Estas familias fueron beneficiadas con la sangre derramada de mi pueblo, por haber sido financistas o colaboracionistas con aquella masacre. Su labor criminal fue largamente reconocida y hoy continúan de igual modo. Por eso está llegando la hora de poner un punto final. Los pueblos originarios nunca tuvimos Memoria, Verdad y Justicia.

 

¿Cuántos mapuches han desaparecido o han sido asesinados en los últimos años?

No lo sabemos con exactitud porque no hay ningún organismo que se haya puesto en la tarea de investigarlo. Sólo en la provincia de Chubut, en los últimos 30 años, tenemos 145 desaparecidos, según una estadística de un grupo de compañeros de Comodoro Rivadavia que han hecho un relevamiento somero. Y estamos hablando sólo de las que llegan a Tribunales; hay otras que no son denunciadas, hay que entender que los pueblos originarios no tienen el mismo nivel de acceso a la Justicia que los ciudadanos argentinos.

 

¿Y por qué sólo se ha visibilizado la desaparición y muerte de Santiago Maldonado?

La visibilidad que adquirió la desaparición del compañero Santiago Maldonado tiene que ver con el desconocimiento absoluto y el aislamiento de la lucha del pueblo mapuche, esa construcción de la otredad, del “bueno, esto les está pasando a ellos, pero no tiene que ver con nosotros”. Hasta que de pronto, un joven argentino, solidario, que se identifica con las consignas de lucha del pueblo mapuche es reprimido del mismo modo criminal que venimos sufriendo nosotros y desaparecido. Esto activa rápidamente un sistema emocional y de sensibilidad que remite a la última dictadura militar y dispara la preocupación de la sociedad argentina, volver a rememorar las desapariciones forzadas. Entonces, mientras les pasaba a los mapuches no importaba, pero si vuelve a sucederles a los argentinos eso sí es preocupante. A mí me recuerda a lo que pasaba en Mississippi cuando las movilizaciones de los afrodescendientes, de millones de personas afroamericanas que sufrían violaciones, torturas y muerte, y hasta que no muere un joven estudiante blanco la sociedad norteamericana no reacciona. Y cuando sucede dicen “qué horror lo que es la política segregacionista, qué barbaridad la violencia que se comete contra ellos”. Algo así ha provocado la desaparición y muerte de Santiago; ha despertado al país en plan “algo está pasando en el sur” y “también existen los mapuches y parece ser que están sufriendo una represión muy fuerte”. Y ven que hay una lucha que no entendían al principio y que a medida que ciertos sectores periodísticos que sí buscan la verdad –no los que viven de inventar mentiras- van develando que la lucha del pueblo mapuche es contra las transnacionales y el latifundio, y las barbaridades que están haciendo las corporaciones extractivistas. Entonces el pueblo argentino recién ahí reacciona y dice “ah, es que los mapuches están poniendo el cuerpo en la defensa de los territorios y por eso Santiago desaparece, por apoyarlos”. Una periodista de un diario de derechas de Argentina me decía “el cuerpo de Santiago va a aparecer antes de las elecciones para sacar la tipificación de desaparición forzada, dado que esto es un crimen de lesa humanidad, no prescribe, y sería gravísimo porque el propio presidente de la república tendría que dar cuenta de esa desaparición”. Como es un delito tan grave, el cuerpo de Santiago tenía que aparecer. Entonces, con esa “aparición” hay dos mensajes: uno al pueblo argentino y otro a los mercados. Con esto, el gobierno macrista les está diciendo a los mercados y a las transnacionales que él va a tener mano dura frente a la demanda de derechos del pueblo mapuche.

 

A propósito de invisibilizaciones, ¿quién es Facundo Jones Hualá?

Es un hermano mapuche de la zona. Toda su familia es de la comunidad de Cushamen. El apellido Jones es galés y lo recibe de un antepasado que viene a vivir allí, se casa con una mapuche y de ahí vienen todos los “jones”. Hualá es un patito de la zona, negrito, que tiene su canto sagrado, que milenariamente ha sido parte de la estructura cultural de nuestro pueblo. Hualá es un apellido mapuche. Facundo es lonko de una comunidad que se llama Pu Lof de Resistencia Cushamen, que ha recuperado territorio a Benetton y que a partir de eso ha sufrido represiones tremendamente duras, criminales, salvajes por parte del Estado. Él se encuentra preso en Argentina, injustamente porque ha pasado por un proceso legal del que salió absuelto de los cargos que se le imputaban. No obstante, el Estado chileno pide la extradición, acusándolo de los mismos cargos. Entonces se trataría de volver a juzgarlo por los mismos  –supuestos- delitos de los que en Argentina ya se había demostrado que era inocente. Esto se hace por presión de los gobiernos argentino y chileno, y ahora se pretende extraditarlo a Chile. Está preso en la Unidad 14 de la ciudad de Esquel.

 

¿Qué es lo que está en juego hoy en esas tierras? ¿Qué hace que hoy sean disputadas?

El territorio mapuche es estratégico en términos económicos y geopolíticos. Nosotras decimos que somos las palestinas de Sudamérica porque es un territorio que no solamente despierta el interés del empresariado argentino, sino del mundo. Allí hay gas, petróleo, minería, recursos forestales, acuíferos, a partir de los hielos continentales. Todo eso hace que la Wall Mapu se convierta en un objetivo de los grandes poderes extractivistas del mundo. En la provincia de Neuquén está Vaca Muerta, que es un reservorio de petróleo muy importante sobre el cual pretenden hacer fracking. Vaca Muerta representa una especie de caja de ahorro petrodependiente muy fuerte. También tenemos importantes yacimientos auríferos, pero quizá lo más importante que tiene la Patagonia y particularmente la zona de la Wall Mapu es el agua. Dicen que se va a terminar antes el agua que el petróleo y nosotros tenemos allí muchos glaciares, muchos lagos, ríos, agua dulce, potable. Y por esa agua vienen. Entonces el pueblo mapuche es un obstáculo para ellos, estamos impidiendo que se desarrolle el extractivismo. Primero porque nuestra lógica no es capitalista, nosotros creemos que el valor sagrado es la vida, no la propiedad de las cosas; entonces ahí no hay posibilidad de negociar con nosotros. Para nosotros esas cosas no se venden, no tienen precio. Podrán comprar a algún que otro mapuche, pero no a todo el pueblo mapuche porque ya lo dice nuestro grito: “por cada uno que caiga, diez se levantarán”. Siempre va a haber uno que se levante y defienda este modo de vida que es vivir en reciprocidad y armonía con la naturaleza. Entonces el único camino es eliminarnos, porque no pueden neutralizarnos mediante la cooptación.

En segundo término, hay una herramienta legal que es el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 1989, cuando gobernaba Fernando De La Rúa, y también la Constitución Nacional que plantea en el artículo 75 que somos preexistentes. Ambas herramientas, una que es macro, del ámbito internacional –el Convenio 169 de la OIT- reconoce nuestro derecho al control del territorio, a que se nos consulte y se nos informe previamente sobre los proyectos, y nuestro derecho a negarnos.

 

¿Tienen importancia esos instrumentos jurídicos?

Sí, porque para que esas herramientas legales queden sin efectos, ellos necesitan ir configurando un escenario que pueda caracterizarse como de terrorismo, de que hay una situación bélica. Entonces ahí quedarían habilitados para aplicar la Ley Antiterrorista. Se configuraría un Estado de Excepción en el que se suspenderían todas las garantías y derechos, y se impondría una especie de Estado de Sitio, y el gobierno actuaría sobre los territorios sin que nosotros podamos interpelar o defendernos. Para poder aplicar la Ley Antiterrorista, necesitan tener el consenso social y para obtenerlo precisan mentir, construir un enemigo interno inexistente, necesitan fabular acciones conspirativas de supuestas células terroristas que no existen. Entonces se trata de crear todo un circo mediático con mercenarios de la comunicación, que son periodistas y medios que ellos van comprando. De hecho, en Argentina no ha quedado ningún medio alternativo de importancia, son todos de la derecha fascista, siguen los dictados de la política del gobierno. Sólo quedan algunos medios comunitarios, que también están recibiendo amenazas, como por ejemplo FMA de El Bolsón. Todos los que integramos la disidencia estamos en la mira y podemos ser el blanco de una próxima desaparición, muerte o encarcelamiento.

 

¿Cuándo se aprobó esa Ley Antiterrorista?

Esa ley viene de antes del macrismo. Se aprobó durante el gobierno de Cristina Kirchner. Entró en Diputados y Senadores como un “paquete de Seguridad” y –desafortunadamente- fue aprobada. “Nuestros” (riendo) representantes levantaron la mano y dieron su aprobación. El gobierno de Cristina dijo “nosotros la aprobamos por presión, Vds. saben que la política de los Estados nación la dictan los grandes intereses corporativos del mundo, son ellos quienes definen las regulaciones y las normativas que ellos precisan para legitimar el saqueo, la contaminación, etc.” Y dijeron que los presionaron, “necesitamos que Vds. aprueben esta ley que nos da garantías a nosotros y, a cambio, nosotros les permitimos que continúen en el gobierno”. Por eso hay que entender también que este modelo de democracia, de los Estados Nación, está obsoleto. La democracia representativa, esa que nos quiere hacer creer que cada cuatro años elegimos algo, no es más que una patraña de los detentores del poder mundial. Hacernos creer eso, siendo que ellos han elegido antes que nosotros quienes van a gobernar nuestros países. Y luego esas personas que llegan al poder debiéndole favores a cada una de estas empresas enormes que les han financiado y esponsoreado sus campañas, asumen el poder y establecen a rajatable la agenda a que se comprometieron antes de ganar.

 

A propósito, el gobierno argentino los acusa de intentar crear un Estado independiente en el interior del territorio nacional. ¿Qué responderías a esto?

Estamos a favor del Derecho a la Libre Determinación de los Pueblos y el pueblo mapuche es una nación sin Estado. Queremos que se nos reconozca el derecho a organizarnos en nuestros territorios de acuerdo a nuestros principios y decidir bajo qué formas hacerlo. Tal vez como confederaciones de naciones, o bajo otras modalidades diferentes. Será nuestro pueblo quien lo decida y para ello es decisivo llegar  a un consenso de cohabitabilidad entre los pueblos originarios y el pueblo argentino.

 

Me contabas de los intereses cruzados que había en esas tierras. Hablabas de Vaca Muerta, de la existencia de riquezas auríferas y del agua. ¿Hay más cosas?

Sí. Ahí hay latifundios, que son una suerte de estados feudales posmodernos. Señores multimillonarios, algunos de ellos muy famosos como Luciano Benetton, Ted Turner, propietario de la CNN, el inversionista Soros, Suchard, etc. están allí financiando el aparato represivo. El Estado argentino pone a disposición de ellos toda la estructura de defensa de “la soberanía” para que defienda y proteja la propiedad privada de estos multimillonarios. Son partidas presupuestarias que le faltan a la salud, a la vivienda, a los derechos elementales de los pueblos, para hacer una política belicista a favor de estos multimillonarios y contra el pueblo mapuche. Así, ellos tienen las comisarías a su disposición y la desfachatez de demandarle al Estado helipuertos en sus estancias, cuando nosotros no tenemos ni siquiera caminos. Así sucede en Vuelta al Río, donde para llegar al último ranchito los mapuches tienen que hacer un camino con pico y pala. Esta asimetría social, estas diferencias, estos mundos completamente antagónicos, contrapuestos, dejan en evidencia que no es posible una cohabitabilidad. No puede haber punto de encuentro ni paz social, cuando el Estado privilegia por sobre todas las cosas la acumulación, la especulación y el beneficio de los opresores, contra la inmensa mayoría que estamos muy mal. Fundamentalmente los pueblos originarios. Porque también es una agenda diferente la de los pueblos originarios, que no ha sido reconocida por ningún gobierno. Hoy en Argentina se hace una metáfora con “la noche obscura”, como que cayó la noche, pero para los pueblos originarios “la noche obscura” lleva más de 500 años.

 

¿Es posible que haya también intereses geopolíticos?

Sí. La Wall Mapu va desde el Pacífico al Atlántico. Hay convenios bilaterales entre los estados argentino y chileno para las diferentes maniobras militares. Incluso había asentamientos de tropas norteamericanas, aunque no propiamente bases militares. Ahora parece que sí quieren tener una base allí para cerrar el continente. Esto es estratégico para ellos. Y han elegido la provincia de Chubut. Pretenden empezar primero, como para ir acostumbrando a la gente, con desembarcos de marines en la Base Almirante Zar, de Trelew, para luego ir emplazando esta gran base norteamericana que sería prácticamente una ciudad. Nosotros le estamos haciendo una campaña de concientización a la gente para que salga a impedir esta locura. Sabemos que donde hay bases norteamericanas hay violencia sexual, tráfico de todo tipo, impunidad, porque ellos tienen inmunidad diplomática. Lo peor que nos puede pasar es tener una base norteamericana.

 

¿Han hecho algún movimiento?

Sí, ya el Congreso y Senado aprobaron, casi que de forma unánime, el desembarco de los norteamericanos que creo que empezaría ahora, en diciembre. Esto es tremendo, porque además hay mucha desinformación. Es que no son solamente maniobras militares de entrenamiento sino que los barcos militares que van a anclar en esa zona serán los famosos “barcos de contención clandestina”, que hemos visto en otras partes del mundo, verdaderas bases norteamericanas en las que se cometen vejámenes, torturas y flagrantes violaciones a los derechos humanos. Y, como se consuman dentro de unidades navales militares norteamericanas –al haber convenios multilaterales- no hay modo de entrar, ni hacer allanamientos o investigaciones. Mi gran temor es que Santiago Maldonado sea sólo el primer desaparecido de una lista que pueda llegar a venir.

 

De lo que has contado podría deducirse que el empeño del gobierno en controlar este territorio, así como el asesinato de Santiago Maldonado, tienen como telón de fondo este entramado de intereses.

Totalmente. Y creemos que es necesario abrir la mayor cantidad de puertas, de amplificar nuestra voz, para avisar de lo que está sucediendo. Y hacerlo en el exterior porque dentro del país se están cerrando todos los medios, porque a los que no consiguen cerrar los compran. Y a los que no compran ni cierran los amenazan o los biocotean, entonces se hace muy difícil que el pueblo argentino sepa lo que está sucediendo allí.

 

En 2011 que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner propuso una ley de propiedad de tierras, por la cual sólo se podrían vender hasta 1.000ha por cada propietario extranjero, sea persona física o jurídica. Y que no más del 15% de tierras rurales pudieran estar en manos de extranjeros. ¿Sirvió esa iniciativa?

Fue una ley bastante insuficiente porque  el problema es el latifundio. Y esa ley no sirve para conjurarlo. Yo puedo ser una extranjera, contrato a algunos testaferros nacionales y compro un montón de tierras. Si tienes dinero y eres argentino puedes comprar todo lo que quieras. El problema es justamente ese, el acaparamiento de las grandes extensiones de tierra en pocas manos y el resto sin posibilidad de acceder a ellas. Y en el caso del pueblo mapuche y de los pueblos originarios en general, es el derecho legítimo y preexistente que tenemos sobre los territorios, y eso no se ve respetado para nada.

 

¿Qué tratamiento estáis recibiendo los mapuches por parte del gobierno Macri?

El gobierno Macri ha presupuestado la muerte contra nosotros, se empeña en hacer una segunda Campaña del Desierto. Con dinero público está financiando una política belicista contra el pueblo mapuche, un pueblo inocente, desamparado, frente a la represión institucional, a la cacería de nuestro pueblo. Yo vengo a pedir solidaridad internacional, como caravanas solidarias a nuestros pueblos, a nuestras comunidades para que -como observadores- vean lo que está sucediendo. A mí me están amenazando de muerte; algunos están pergeñando encarcelarme. Como waychafe tengo la posibilidad de explicar a la gente no indígena lo que está sucediendo en nuestro territorio, con el pueblo mapuche. Además, lidero un movimiento de mujeres originarias en Argentina, constituido por 36 naciones que hemos consensuado la lucha por el Buen Vivir como derecho. El Buen Vivir que entendemos como la recuperación de esta armonía, de reciprocidad para con la naturaleza. Y esto es muy molesto para el poder. Y como no me pueden comprar, ni cooptar y como no les es fácil acallarme me quieren matar. Venir acá es buscar de manera desesperada el apoyo de los pueblos. Nosotros no creemos en los Estados, ellos son cómplices de la muerte y del dolor y flagelo que estamos teniendo. Creo mucho en la solidaridad de los pueblos, en la capacidad de unirse, articularse, de tramar sueños. En el derecho a recuperar el derecho a soñar y que pongamos por encima de todo el resguardo de la vida, ser guardianes de la vida. También porque no hay mucho tiempo frente a lo que está sucediendo, vemos el cambio climático y la degradación del planeta. El tiempo que nos resta para evitar el aniquilamiento de la humanidad lo tenemos que emplear con mucha sabiduría. Vengo en busca de eso, de lazos solidarios, con sabiduría, para enfrentar a este enemigo común. Y tengo esperanza de que algo encontraré acá.

Hablaste del Buen Vivir. ¿Tiene algo que ver el Buen Vivir que planteáis los mapuches con el de los aymaras y los collas?

En realidad, el Buen Vivir no está planteado desde los mapuches sino que ha surgido desde la Marcha de las Mujeres Originarias de estas 36 naciones indígenas. Las mujeres indígenas somos quienes hemos consensuado esta definición de Buen Vivir. Y no tiene que ver con lo que plantean los estados ecuatoriano o boliviano; es diferente porque nosotros ponemos como base fundamental la recuperación de la reciprocidad entre los pueblos y la naturaleza. Por lo tanto, el extractivismo, el modelo capitalista, por más progresista y reformista que sea, no tiene cabida. Entonces hay que generar una revolución de conciencia. Se trata de pensar el arte de habitar de una manera muy diferente a la que hemos venido viviendo durante estos siglos de imposición colonial. Es mudar el pensamiento, generar una conciencia distinta que, entendemos irá a parir una nueva sociedad que definirá el orden político, económico y social. Hemos hecho también un borrador de cómo va a ser ese proceso de cómo va a ser ese proceso desde el capitalismo neoliberal al Buen Vivir en plenitud y como derecho. Creemos que va a haber una transición en la que tiene que haber programas de reconversión económica, energética, de transporte, de la salud, de la educación. Y hemos echado a volar nuestra imaginación y esos sueños fueron plasmados en un anteproyecto de Ley del Buen Vivir, que presentamos en 2015 en el Congreso de la Nación, en Buenos Aires. Los parlamentarios no nos invitaron, entramos de prepo (sin invitación), tomamos la palabra, hay videos en Youtube, y lamentablemente una marcha de 10.000 personas en la que por primera vez se expresaban las mujeres indígenas de 36 naciones de Argentina, no fue cubierta por ningún medio, ni de la oposición ni del oficialismo. Fue un hecho histórico y nadie se enteró. Arrancaba lágrimas ver a las mujeres, que somos estigmatizadas, discriminadas, entrar no a mendigar ni a pedir nada, sino a proponer un camino de plenitud y la esperanza de hacer nacer un nuevo país.

Alberto Azcárate

(para El Salto)

Madrid, 2 de noviembre de 2017